el 15 de febrero hubiera sido el cumpleaños de Galileo. Mas allá de que falleció en Florencia el 8 de enero de 1642, hoy su legado sigue presente en cada aspecto de nuestra vida. Este gigante del pensamiento libre es reconocido como el padre del método científico. Su criatura, la ciencia moderna cuenta hoy con 446 años y, a pesar de que le costó la libertad y casi la vida a su primer impulsor y de una historia plena de conflictos y turbulencias, goza hoy de excelente salud.
22 de junio de de 1633. Una oscura y ominosa sala de juicio frente a uno de los tribunales más poderosos que existió en la historia, el Tribunal de la Santa Inquisición, con poder sobre el honor, posesiones, integridad física e inclusive la vida de los acusados. Sus fallos son inapelables. Es el momento culminante del juicio. Galileo debe decidir si abjura de su teoría heliocéntrica del universo conocido, y vive, o si la sostiene, y muere. Abjura, quebrado por quien sabe que cúmulo de presiones. No será ejecutado, pero es igualmente condenado a prisión y, más doloroso, toda su obra queda prohibida. Se vuelve, bajo custodia, para ser conducido a su lugar de encierro, con gesto quebrado y cabeza gacha. Arrastra los pies al caminar. A último momento, dicen, murmura ¡E pur si muove! -y sin embargo, se mueve- . Es una síntesis de su pensamiento. Más allá de la autoridad, la tradición, lo revelado, o cualquier otra fuente previa, la aventura del pensamiento científico es buscar las realidades del universo, medirlas, y a partir de allí, construir conclusiones.
Contrariamente a la imagen generalizada, el principal mérito que hoy se atribuye a Galileo no es la formulación del modelo heliocéntrico, ni su famosa controversia con la poderosa iglesia de esos tiempos, ni haber dirigido por primera vez el telescopio a los cielos, ni su descubrimiento de los satélites de Júpiter (llamados por eso satélites galileanos). El gran aporte de Galileo al conocimiento humano fue nada menos que fundar la ciencia experimental. En una época donde predominaban como fuente de conocimiento únicamente la “revelación divina” o el estudio de los clásicos, propuso la experimentación metódica como forma de construir conocimiento. Hoy seguramente nos parecerá obvio, pero en la época resultó altamente revolucionario. Ubiquémonos en la época. Saliendo de la edad media, con su pensamiento mayormente religioso, y en el inicio del renacimiento, con el redescubrimiento de escritos de “los clásicos” Pitágoras, Arquímedes, Platón, Aristóteles, etc. La ciencia no era un cuerpo de conocimiento independiente, sino que era parte de la “filosofía natural”, en la cual las explicaciones de los fenómenos físicos, de menor jerarquía, debían estar contempladas y avaladas por una visión filosófica general.
Como muestra vaya un botón. Según había establecido Aristóteles, siguiendo a su teoría de los cuatro elementos, la velocidad de caída libre de un cuerpo dependía de su peso. Si soltábamos dos cuerpos, uno pesado caería mucho más rápido que uno más liviano. Éste era un principio universalmente aceptado por los “filósofos naturales”. Aún hoy hay gente que intuitivamente afirmaría tal cosa. Galileo no se conforma con esto. Dice -Midamos, veamos cómo funciona en realidad-. Según el mito, soltó dos balas de cañón de diferente tamaño (y masa) desde la torre de Pisa, y comprobó que caían en el mismo tiempo, es decir, a la misma velocidad. Lo más posible es que en realidad llegara a esta conclusión en su taller, realizando experimentos con esferas de diferentes materiales cayendo por planos inclinados. El caso es que no se conformó con la enseñanza de uno de los grandes maestros de la antigüedad, sino que priorizó la experimentación, la observación atenta de la naturaleza. El conocimiento humano nunca volvería a ser el mismo después de esto…
Un “experimento” al respecto, no muy conocido (y para los que aún estén dudando…). Casi 400 años después, el comandante de misión del Apollo 15, David Scott, al concluir su caminata lunar, realizaría un cálido homenaje a Galileo. Frente a la cámara fija en la superficie lunar, toma un martillo en su mano derecha, una pluma en la izquierda y los suelta simultáneamente… Cuando los dos caen de manera idéntica (por la ausencia de aire que frene la pluma), exclama algo así como ¡Que les parece, significa que el señor Galileo tenía razón!
¿Todavía duda? Véalo: http://nssdc.gsfc.nasa.gov/planetary/image/featherdrop_sound.mov
Pero fue más allá el inquieto Galileo. Buscó como describir lo que medía, y encontró la mejor manera. Sus observaciones se podían expresar con formulas matemáticas. La posibilidad de plasmar el funcionamiento de la naturaleza en formulas, que además permitían predecir anticipadamente lo que ocurriría en determinadas condiciones era realmente fascinante, y estableció las bases para la realización de experimentos científicos. “El libro de la naturaleza está escrito en caracteres matemáticos” afirmó extasiado.
El tiempo pasó. La ciencia siguió su apasionante camino. Vinieron Newton, Einstein, Planck y tantos otros. Años después, Juan Pablo II levanto la excomunión y pidió perdón por el error cometido en el rechazo de la teoría. Pero Galileo había iniciado la historia de la ciencia moderna. Gracias a él quedó establecido formalmente el método experimental, y fundamentalmente, que ninguna formulación dogmática previa es superior a la medición de la realidad.
Feliz cumpleaños Galileo. Nos recuerda que ninguna autoridad de los poderosos de turno está por encima de la libertad de pensamiento y de la búsqueda honesta del conocimiento y la verdad. Nada menos
